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Emilio Ontiveros, presidente de AFI, analiza el impacto de la crisis sanitaria en la economía mundial y española. “Estamos ante la crisis más compleja desde la II Guerra Mundial”, ha dicho, porque en esta crisis “han coexistido una crisis de oferta, una perturbación en los procesos de producción domésticos y multinacionales, y simultáneamente ha habido un desplome en la demanda que se ha propagado con más velocidad que el propio virus y como consecuencia ha producido destrozos en la riqueza financiera sin precedentes”.  El resultado de esta combinación es la recesión, la entrada en crecimiento negativo de las economías más importantes del mundo, desde EEUU, China, donde se originó el brote, a Europa y muy en especial de las economías que más han sufrido el impacto de la pandemia: España e Italia.

En el caso de España, sabemos que las consecuencias sanitarias son las más severas y que las autoridades han decidido medidas de confinamiento ciertamente drásticas. A ello, explica Ontiveros, hay que añadir otras circunstancias que hacían particularmente vulnerable a nuestra economía como son que su estructura productiva está muy basada en el turismo, sector especialmente dañado en esta crisis, y en un censo empresarial con dominio de pymes débiles “muy vulnerables a cualquier ráfaga de mal viento que venga del exterior”. Esto hará que la recesión en la economía española sea “más pronunciada y más duradera que en otras economías”, como por ejemplo Alemania.

Falta de coordinación internacional

Emilio Ontiveros también ha reflexionado sobre la falta de coordinación internacional para afrontar esta pandemia, el liderazgo global y la adopción de medidas globales acordes con la naturaleza global de la pandemia y la crisis que le ha seguido. “Estamos viendo a Bancos Centrales adoptando medidas estimuladoras y en la mayoría de los casos, como en el BCE, apurando los pocos cartuchos que quedaban en la recámara”. “Pero se echa en falta que el G-20 adopte decisiones consecuentes con lo que el 24 de marzo decidieron: la puesta en común de esfuerzos inversores, de ayuda en primer lugar a la OMS para que fortalezca su atención a países con menos medios económicos, y en segundo lugar, poner en valor y hacer funcionar las instituciones multilaterales como el FMI y el Banco Mundial que tienen ahora una gran oportunidad”, añadió.

En lo que se refiere a Europa “a día de hoy aquí lo único que vemos es decepción”. Esta crisis es mayor que la de 2008 sin duda y va a tener un impacto inmediato sobre el empleo y sobre la tasa de mortalidad empresarial. Veremos, ha dicho el economista, países en los que se produzca una importante desaparición del número de empresas.

En tercer lugar, vamos a ver una disminución del papel económico de Europa en el mundo, que ya venía de atrás. Europa ya empezaba el año con bajo crecimiento económico, con ausencia inflación, ausencia de reacciones de las empresas con tipos de interés nulos, congelación de proyectos de inversión y una caída en la productividad. Y ahora se le suma esta crisis y “en vez de actuar de forma mutual, agrupada, hemos dado una vuelta de tuerca hacia la insolidaridad”, concluyó el presidente de AFI.